
viernes, 29 de octubre de 2010
The Lovely Bones (2009)

sábado, 16 de octubre de 2010
Dentro del laberinto (1986)
Ya fuese mientras pasaba una vez más la fregona o simulase estar concentrada en un ejercicio matemático, dejaba volar mi imaginación y me trasportaba a mundos ficticios creados a mi antojo, repletos de seres y paisajes a cuales más fantásticos y pintorescos.
Durante bastante tiempo me he estado preguntando el por qué de esta desorbitada imaginación. Hace apenas unas semanas encontré la respuesta.
Quedé con un par de amigas (Estefanía y Mari Carmen, más conocida como La Marquesa, para ser más exacto) para ver unas películas, aprovechando que disponíamos de una sala de proyecciones para nosotras solas. Entre el gran repertorio cinematográfico de Mari Carmen se encontraba Dentro del laberinto (1986). Al principio no recordaba casi nada de esta película, pero tras una breve descripción, la recordé en seguida: Era una de tantas películas de fantasía que veía en mi más tierna infancia, cuando aun me estaba permitido. Como puede deducirse, esa fue la película que vimos aquella tarde.
Cuidar de un bebé llorón no es el plan que una adolescente
trazaría para su fin de semana. Sarah hubiera preferido jugar con sus muñecos y disfrazarse de princesa, o disfrutar de una nueva lectura de su libro favorito, Laberinto. Desesperada ante los insistentes llantos del niño, la chica termina por invocar (aunque no intencionadamente) a Jareth, Rey de los Goblins y señor del Laberinto, quien secuestra al bebé. Sarah suplica que le devuelva a su hermano y Jareth acepta, pero con una condición: Deberá atravesar el laberinto y llegar al castillo del rey antes de trece horas.
A partir de ese momento comienza toda una odisea de acertijos, juegos mentales, trampas y hechizos que la protagonista deberá sortear con ayuda de sus nuevos amigos: el codicioso enano Hoggle, la cariñosa bestia Ludo y el caballero-zorro Sir Didymus (junto a su fiel corcel Ambrosius).

"Por increíbles peligros e innumerables fatigas, me he abierto paso hasta el castillo..."
Protagonizada por David Bowie (Jareth) y una jovencísima Jennifer Connelly (Sarah) y dirigida por Jim Henson (creador de Los teleñecos), es una película que derrocha imaginación e ingenio. Llena de magia, Dentro del laberinto es, sin duda, uno de los ejemplos más claros de cine para todos los públicos, ya que los disfrutarán por igual niños jóvenes y mayores; una película que ha sabido sobreponerse a las dispares críticas originales y convertirse en un cinta de culto.
Todo es posible dentro del laberinto: Los gusanos hablan, las hadas muerden, los sombreros tienen vida propia, los zorros cabalgan, los llamadores se aburren, se puede subir y bajar por las escaleras de Escher… Siempre recodando que no hay que dar demasiado por sentadas las cosas, que hay que tener cuidado con lo que se desea y que no hay que olvidar nunca qué cosas son las verdaderamente importantes en nuestra vida.
Es cierto que los efectos especiales se notan demasiado anticuados. La puesta en escena ha mejorado mucho desde entonces. Pero eso no basta para quitarle el encanto, Dentro del laberinto sigue siendo (ahora quizás más que antes) una película mítica, inolvidable.
Porque ¿cómo olvidar al carismático y misterioso Rey de los Goblins? Este enigmático personaje parece haber sido creado especialmente para David Bowie y es una de las pocas cosas (junto con Sir Didymus y Ambrosius) que recordaba casi con total claridad (por suerte había olvidado las mallas). Sus número musicales son uno de los puntos más curiosos de la película.
Por su parte, la soñadora Sarah es, en mi opinión, la mejor adolescente que el cine nos ha brindado. Ya no es una niña, no quiere que la traten como tal, prefiere tomar decisiones por sí misma y ya disfruta maquillándose… y sin embargo sigue sin ser una mujer; su habitación sigue repleta de juguetes de los que se niega a separarse y sigue soñando con ser la heroína de un cuento de hadas.
Mención especial para los habitantes del laberinto, entrañables títeres y marionetas que me han hecho recordar los mejores momentos de mi infancia. Un hermoso cuento, moraleja incluida.